Anna Escola, EAPS Mutuam - la Caixa

El Periódico de Catalunya ha dedicat un article a l’acompanyament fins a la mort i a la tasca que fan els equips d’atenció psicosocial i ha recollit el testimoni d’Anna Escolà, psicòloga general sanitària i psicooncòloga de l’EAPS Mutuam-la Caixa. Un cop més, estem molt satisfets que els mitjans de comunicació es facin ressò de la bona feina que porten a terme els nostres professionals, així que compartim l’article, que s’ha publicat el 13 de febrer.

Más de 28.000 catalanes han sido apoyados al final de sus vidas por equipos de atención psicosocial en un programa que impulsa la Obra Social La Caixa

No sabe bien qué le movió para decidirse a hacerlo, quizás, piensa, el subconsciente quiso que superara el miedo a la muerte después de la traumática experiencia de ver, siendo adolescente, cómo un cáncer se llevaba en seis meses uno de los pilares más sólidos de su vida, su abuela. Fuera lo que fuera lo que le hizo interesarse por el final de la vida, de la manera como se interesa, se siente feliz por ello. Al acabar la carrera de Psicología, Daria Mayer decidió que “quería aprender y ayudar” conociendo de cerca esa última etapa vital. Tenía 25 años. Contactó con la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) y se ofreció como voluntaria a domicilio con paciente oncológicos en fase terminal. Han pasado ocho años desde aquella primera experiencia y sigue con su altruismo.

Desde el 2015 visita a enfermos paliativos en el Hospital de Sant Pau en el marco del Programa para la Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas de la Obra Social La Caixa, una iniciativa con una trayectoria de ocho años implementada en 120 hospitales de España que en este tiempo ha atendido a 105.500 pacientes y unas 153.000 familiares.

TENER CLARO EL PAPEL
“Tenía cierto miedo. Sobre todo porque tú misma te expones cada vez a la pregunta de cómo enfocarías la muerte”, cuenta sobre su primera experiencia. “Fue un caso especial, porque fue largo. Los voluntarios cambiamos cada medio año como máximo, lo marca el protocolo, pero me permitieron estar algo más. Hasta que murió”, explica. “Se estableció un vínculo muy importante. Cada semana iba dos horas. Jugábamos al dominó, charlábamos, mirábamos la tele…”. A la pregunta de cómo se protegía, cómo se sigue protegiendo, responde: “No debo de olvidar mi rol. Escuchar, acompañar, dar cariño, estará ahí… He de recordar y posicionarme en ese rol. No tengo que solucionar nada, no tengo que atender a la persona activamente, no es esa mi función. Soy una voluntaria”. Para nada de piedra. “Claro que he llorado más de una vez, una persona no es inmune, y a veces salgo removida y triste, pero salgo energética, diferente. Si estoy días sin ir necesito ese contacto. Cada vez que voy me despierto, es como recibir dos bofetadas. Valoras la salud que tienes”, continúa. Se refiere a las visitas semanales que realiza en el Hospital de Sant Pau, donde cada tarde un voluntario, de un equipo de cinco, se encuentra con los enfermos oncológicos terminales o con sus familiares, si estos desean esa compañía.

FORMACIÓN ESPECÍFICA
Como Daria Mayer, en el marco de esta iniciativa de La Caixa hay 671 personas altruistas en toda España que acompañan durante los últimos días, las últimas horas, a enfermos terminales, 168 de estas en Catalunya. No es habitual, no obstante, que sean tan jóvenes como ella, y menos, de la edad en la que ella empezó.

Todas las personas voluntarias que apoyan en las áreas de paliativos, además de recibir antes una formación específica para su cometido, cuentan con el apoyo de profesionales. En este caso, de un equipo de atención psicosocial (EAPS), cuyos profesionales proporcionan ayuda a través de nueve entidades sociales a 30 hospitales catalanes. Hay un total de 42 EAPS.

Anna Escolà es psicóloga de uno estos equipos, el de Mutuam-Barcelona, que gestiona el Grup Mutuam, una entidad sin ánimo de lucro del tercer sector dedicada a la atención a la dependencia de los mayores. «Nuestra tarea principal es la atención psicológica de pacientes al final de la vida y sus familiares, dando continuidad al acompañamiento durante el proceso de duelo con aquellos familiares que lo necesitan», explica. Esta atención, prosigue, no se daría si no fuera por esta iniciativa, ya que no está contemplada la figura del psicólogo en la mayoría de las unidades de cuidados paliativos. Por eso, en su opinión, “ha representado un gran impulso y reconocimiento para el colectivo de los psicólogos, porque dentro del ámbito sanitario se nos considera más un lujo que una necesidad”.

RESPETO
¿Y cómo se ayuda a nivel psicológico a una persona que está a punto de morir? “Con acompañamiento desde el respeto, preservando su autonomía, dignidad e identidad, para que pueda tener un enfrentamiento adaptativo de la situación que está viviendo”, explica Escolà. Hacer revisión de vida, balance de todo lo que la persona enferma ha vivido, revisar su escala de valores, el significado que la enfermedad tiene para ella, que no haya temas pendientes por resolver, el legado… Son factores que determinarán que el enfermo tenga una buena muerte, sigue la psicóloga.

A nivel personal, también tiene mecanismos para sobrellevar ese contacto profesional que tiene a diario con la muerte . “Conecto con la vida y con todo aquello que le da sentido: la pareja, la familia, los amigos; disfrutando de los pequeños placeres que tenemos a nuestro alcance, estando presente en el aquí y el ahora y pudiendo atender mis propias necesidades”, asegura. En definitiva, dice, le resulta necesario hacer un trabajo personal continuo que le permita ser consciente de los propios miedos para poder entender y atender.

Este programa, que se acaba de renovar con entidades y centros sanitarios, fue evaluado en el 2014. Las conclusiones de aquel estudio validaron el proyecto en tanto se demostró que mejora en el 90% los síntomas que provoca la enfermedad, con lo que sería deseable que esta atención estuviera al alcance de todo el mundo.

Pero nada más lejos. En España mucha gente sigue muriendo con un terrible dolor físico y necesitando una sedación final que no recibe. De las 380.000 personas que fallecen cada año, 120.000 requieren de una atención especializada en cuidados paliativos. La realidad es que el 50% no la recibe por falta de recursos.

Podeu llegir aquí l’article original a El Periódico.

 

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